Alimentar a la bestia (Al Alvarez)


"No concibo nada más triste que morirse sin saber quién eres o sin saber de lo que eres capaz"


Mo Anthoine


Nos podemos tomar los grandes logros como algo que nos enriquece o como algo que nos degrada. Los demás siempre estarán ahí para darnos la razón, hayamos elegido la primera o la segunda opción. Hay personas que lo consiguen todo a ojos de los demás, y que cuanto más logran más humildes se hacen. Al contrario, hay quien se ensalza así mismo con pequeñeces que no trascenderán más allá de su vida.


La humildad, junto a la coherencia, son los valores que más sentido dan a nuestras vidas, sobre todo en aquellos que se han propuesto superar (al menos encontrar) sus propios límites. La escalada, la montaña en general, suelen ser escenarios propicios para tratar de superarnos a nosotros mismos en todas las facetas: la deportiva, la ética, la espiritual… pero corremos también el peligro de, viéndonos superar los obstáculos que nos llevan a ser algo superior, apropiarnos de esas imagen de nosotros mismos "superior" y alejarnos de nuestra esencia que nunca cambia.


Tal vez ahí esté la clave de los grandes ejemplos que siempre, en todas las épocas, hemos tenido, personas que lograron trascender los límites de la sociedad sin alejarse ni perder de vista su propia esencia. Mantenerse cerca de la esencia de uno mismo mientras logramos metas cada vez más elevadas. He ahí una gran felicidad y una gran responsabilidad que no todos logran materializar sin degradarse y de esa forma perder, toda manifestación de grandeza.


Este libro trata de estos valores, a través de la figura de Mo Anthoine, sobre todo, y de tantos otros personajes reales que vivieron sus días explorando sus propios límites, y rompiendo de esa manera los límites que obsesionaban a sus coetáneos.


Unos logros y éxitos efímeros, como la propia vida, que finalmente se nos escurre, tras una enfermedad, una caída, o, haciendo el paralelismo, sucumbiendo en nuevos éxitos que dejan los nuestros en el olvido. El que nuestros logros sean un tesoro o un acto efímero sólo depende del sentido que le hayan dado a nuestra vida.


"Los escaladores, en especial los escaladores británicos, son sumamente reacios a exhibir sus emociones, pero cuando terminó la lectura del poema no quedaban allí ojos secos ni muecas estoicas.


Mientras bajaban el ataúd a la tumba, una silueta solitaria apareció en lo alto de una cresta rocosa sobre el paso de Llanberis. «Creo que era Mo», dijo Mac, «burlándose una última vez de tanto escándalo».