Push (Tommy Caldwell)

"Push" de Tommy Caldwell es para mí la portada merecida de noviembre y el libro más emocionante que he leído en los últimos años. Tal vez mi afición a la escalada haya tenido algo que ver, pero sin duda no es lo definitivo.

El protagonista, autor y escalador Tommy Caldwell se enfrenta en este libro a sus demonios y describe, acompañando con un lenguaje directo y emocionante, lo que siente tras los diversos acontecimientos a los que la vida le enfrenta. Estos sucesos a veces son verdaderos choques de trenes, como lo serían en la vida de cualquiera, como por ejemplo tener que matar para seguir viviendo, y otros no dejan de ser adversidades rutinarias que el peculiar personaje transforma en vivencias épicas.

El libro, además de ser un viaje de increíbles aventuras por las paredes de todo el mundo, y en especial en el Parque Nacional de Yosemite donde se desarrolla gran parte de su vida y su mayor gesta, reúne dos ingredientes que me atraen especialmente. Por un lado la filosofía de vida de unos tipos escaladores (mayoría americanos) que practican y predican un modo de vida simple que aspira a la esencialidad, esa cualidad casi utópica que nos conduce a renunciar a todo lo que no sea pura vida. Y por otro lado la condensación de grandes reflexiones en sus páginas, fruto de esta conexión entre vida aventurera y esencialista de los protagonistas, que con grandes dosis de humildad y pasión describen sus trágicas, adversas o mágicas experiencias.

Es un libro en el que el protagonista en modo autobiográfico se desnuda ante nosotros desde un nivel puramente físico hasta uno más elevado y espiritual, donde el lector no puedo sino leerlo con adictiva atención para no perderse ni un detalle en la trama llena de acción y consecuencias fatales y a la vez legendarias. No en vano esta aventura es considerada hoy en 2021 la mayor épica en el mundo de la escalada y la ruta más difícil de la historia —sólo por eso el libro ya merece su lectura—, pero no se queda en esto. Muchas de las vivencias que Tommy Caldwell narra nos podrían haber sucedido a cualquiera de nosotros/as, sólo que la extraña y atípica personalidad del autor tiene la virtud de convertir lo cotidiano en épico y lo extraordinario en gestas irrepetibles.

También quiero que Push sea la portada para no olvidarme de los muchos y buenos sentimientos que despertó en mí su lectura: humildad, honestidad, simplicidad, superación personal, motivación, perseverancia… auténticas ganas por lograr que cada manifestación de la vida sea una oportunidad para reinventarnos y convertir nuestras vivencias en gestas épicas que alimentan nuestra mente y nuestro espíritu, tal y como demuestras Tommy Caldwell, al alcance de cualquiera, sólo es cuestión de proponérselo.

Con pocos libros he sentido el nivel de emoción que he sentido con este, lo mismo que Tommy, “no quiero que esto termine”.



"ESA NOCHE DEJO LA CREMALLERA DE LA HAMACA ABIERTA para poder mirar las estrellas. Mi mente gira al tiempo que las galaxias. Me repito una y otra vez: «Lo he logrado, sí, lo he logrado». Repito mentalmente los últimos movimientos del largo, la explosión de emociones y la euforia teñida de melancolía.

Quiero con todas mis fuerzas retener esta experiencia. Mi mente y mi cuerpo han confluido en un crescendo de significados que llevaba años —más que años, décadas, mi vida entera gestándose.

Una vez oí la descripción de cómo se forman las olas. Tienen su inicio en tormentas lejanas que generan pequeñas ondas que el viento arrastra recorriendo largas distancias. A lo largo de miles de kilómetros, estas ondas se combinan, se organizan, aumentan de tamaño. Surge un patrón, y se crea una elevación de la superficie del agua. Cuando esta elevación se aproxima a la tierra, el fondo del océano rechaza esa energía hacia el cielo y se forma una ola, que se eleva verticalmente durante un glorioso momento. Por lo general, cuanto mayor y más violenta es la tormenta originaria, mayor es la ola. Sí Kirguistán fue mi tormenta, tal vez la Dawn Wall ha sido mi ola.

Paso tanto tiempo de mi vida persiguiendo experiencias como esta... Pero a medida que avanza la noche, la alegría del momento deja paso a un vacío creciente, como cuando la luz de la luna llena apaga las estrellas más lejanas. No quiero que esto termine.




Aunque el Warren a quien conocí era ya una sombra de sí mismo, pude imaginar lo que debió de ser en los años cincuenta y principios de los sesenta, cuando se aventuró por vez primera en las paredes de Yosemite. Conservaba aún gran parte de su pícara energía. Fue un bromista legendario, un tipo que se tomó en serio la escalada, pero no a sí mismo. Cuando se le preguntaba por qué escalaba, solía decir algo así: «Escalamos porque estamos locos, no puede haber otra razón». Y cuando le preguntaban cómo había realizado alguna ascensión particularmente difícil, él decía, mas o menos: «Empecé abajo y fui subiendo hasta arriba». A papá le encantaba aquel tipo de actitud y se preocupó de que yo comprendiera que ser humilde es la mejor vía para alcanzar las alturas.




Kevin y yo, sin el foco mediático y sin las cámaras de alta capacidad, haciendo el tipo de escalada que me enseñó mi padre y que conocen los verdaderos escaladores del mundo entero. ¿Seríamos mejores amigos? O incluso, ¿estaría aquí Kevin? ¿Estaría yo sintiendo las mismas emociones encontradas? Incluso en la física, la materia se comporta de forma diferente cuando se la observa.

Cuando sale el sol, decido que durante toda la noche he sido un estúpido hiperanalítico. Vuelvo al hecho simple de que lo he logrado, y que lo que viene ahora se reduce a una única tarea: ayudar a que Kevin también lo logre.

—¿Cómo estás, colega? —pregunto, sacando la cabeza al aire frío de la mañana.

Kevin suelta un escueto «Bien».

No tiene pinta de estar bien. Miro hacia abajo, hacia el valle. Vuelve a decir:

—No quiero retrasar el programa.

—No te preocupes —contesto—. Me lo estoy pasando en grande aquí arriba, y el pronóstico del tiempo es fantástico. Estoy dispuesto a quedarme aquí todo el tiempo que haga falta. —Hago una pausa para toser—. ¿Cómo van esos dedos?

—Todavía los siento delicadillos —murmura—. Pero parece que van curándose.



8 de noviembre de 2021