A la deriva

Hay dentro de cada uno

la historia que quiera contarse;

como un cuento al que concederle

mayor o menor credibilidad.

El sol será el mismo para todos

y en la luna, en cambio, cada cual

proyectará sus complejos.


Fuimos evolucionando desde nosotros

hacia nosotros mismos. Jamás nos distanciamos,

jamás movimos un pie

más allá de este destino,

¿por qué, sin embargo, piensas que llegaste lejos?


En la ilusión de la luz

las sombras están para reconfortarnos

y recordarnos que no hay otro mundo

distinto. Nunca lo hubo ni lo habrá

¿por qué intentas abarcarlo todo

después de inventar la mentira?

Para algo se nos ha concedido

la medida de los sueños,

y libres somos para soñarlos despiertos;


pero si a un mundo de sombras

le das tu tiempo

morir pronto te conviene

antes de convertirte en ausencia.


El don es fabricar y no ser parte

de nada,

tocar y olfatear y saber que

no existe.

Escuchar una melodía repetirse

sabiendo que proviene

de una caverna que no nos espera

y a la que nunca habremos de entrar.


El don es saber que no se llega,

que no se es un visitante

sentir que nadie te espera

que llegar y partir son solo

dos fronteras políticas dividiendo un territorio

más allá de las leyes de los que sueñan

y dividen.


El don es quebrar la voluntad

por tener que levantarse cada día

a construir el mundo

porque el mundo que deseas

dejó de existir antes de que lo

imaginaras.


El mundo que creas, que pisas, que sientes,

que piensas

es de arenas movedizas

deslizándose hacia la nada de lo que

está hecho, del vacío infinito

que separa los electrones de los protones

en la inmensidad de un átomo:

la nada, el vacío, el silencio de lo que estamos creados

en esencia, y pensados, en vanidad.


Pero tú te has empeñado en apilar ladrillos

sólidos

como si construyeras el muro

con el que romperás el cráneo en tu cabeza.

Silencio: ¿lo oyes? No hay nada.

Sólo ondas que burbujean

y que refluyen como capas de arcilla

deslizándose bajo tu cuerpo

la distancia entre el cosmos y la yema de tu dedo

equivalente a toda una vida

y sin embargo, sólo es distancia y vacío.


Más aún te desgastas

viviendo de aquí para allá cada día,

elucubrando con la manera de hacerte

más visible y más permanente

como si la memoria no fuera,

otra más, una ilusión que desaparecerá

con los mares y las montañas.


Como si tus logros quedaran

en los anales de la historia

y formaran parte de los promulgos

de los hombres y mujeres que vendrán a llorarte.

No, amigo. La memoria es la mayor

de las mentiras jamás contada

porque no tiene nada que contar,

lo real y lo inexistente son lo mismo en ella

y tú no fuiste creado para ser recordado,

no fuiste sino un pedazo de mentira

necesario para seguir inventando.


Por eso correr, insuflarte de esfuerzo

y malgastarte por encontrar un porvenir

como un cáliz que no existe ni existirá

me parece la peor de las ideas posibles.

Y aun así remas, remas

buscando ninguna orilla, a la deriva

como si estuviésemos hechos para inventar

más allá de nuestra propia mentira.



C33 31/01/22

febrero