El refugio del mono solitario

Corrí para refugiarme en algún lugar

ese lugar resultó ser otro extraño

que busca refugio del lugar que vino


la paz, rota en su olvido

por un reino que poseyó

y se quitó a sí mismo


dando tumbos, rezagándose de su miseria

(que es la vez su esencia)

de quien pudo o no pudo ser


tiembla de frío porque un invierno

ahora le sorprende,

vil invierno que deseó como se desean las promesas improbables.


Si un héroe viniera a salvarles

ellos desoirían su voz perlada,

si un mono viniera a morderles

ellos desandarían hasta encontrarse nuevamente

frente a frente con los herederos de la raza


sucios y desgastados, con mil millones de kilómetros a sus pies,

callos, aciagas tormentas y la misma

sensación de importunância que me hicieron a mi

desear ser uno más, otro de esos monos.


Así es el camino cuando se anda

solo y ciego, sabiendo que se ha

de ser algo sin serlo (que no lo es), soñando que

algo habremos de ser sin hallar indicios

de ello; perdiéndose (como nos dijeron

que habríamos de hacer), dejarnos ir

en manos del destino, hacia un

lugar cualquiera, hacia todos sitios

menos a tu lado.


Tal vez por eso me culpas, porque

no soy capaz de verte, sentirte,

honrarte, porque recorro sólo las montañas

y aunque tú estés ahí no te siento

y aunque ellos estén allí

nadie quiere tu compañía.


Quererte es solo el principio, lo sé, y a tu

regazo me encomiendo,

hoy de nuevo partiré hacia ninguna parte

sabiendo que me acompañas

del corazón desconociendo,

a refugiarme a algún lugar

del refugio que merezco.


21.11.01